IN VINO VERITAS

El vino en la cultura medieval



In vino veritas


En su magna obra La Crestià, el franciscano y prolífico escritor gerundense Francesc Eiximenis ( 1330 -1409 ) escribió que el vino y su consumo eran algo consustancial al ser humano, que servía para dar salud y para alegrar el corazón, aduciendo razones de diversa índole. Un primer razonamiento “bíblico” estaba basado en el relato de que Dios creó la vid y el vino para alegrar la tristeza de Noé tras el diluvio y que, más tarde, le confirió el status de bebida de salvación y de vida eterna. Una segunda razón “natural” residía en la necesidad de las personas de tener gozo y alegría en su vida y, paralelamente, de alejar la desesperación que provocaban las múltiples tristezas existenciales, para ambas necesidades el vino, que es licor que atempera los dolores naturales del cuerpo y alegra el espíritu, era el mejor de los remedios. Por último Eiximenis esgrime cuestiones “corporales” para justificar el consumo mesurado de vino aduciendo que beber moderadamente dispone bien el cuerpo y un cuerpo bien dispuesto está alegre, incita al gozo del espíritu y del alma e induce al individuo a obrar bien y rectamente, lo que aumenta más todavía su alegría y su placer …

Otros intelectuales medievales, analizando el mismo episodio bíblico, pero desde otro punto de vista, nos hablan de la impúdica embriaguez de Noé y la incestuosa de Lot y describen con crudeza los efectos dañinos del abuso en el consumo de vino. Juan Ruiz de Hita, el famoso “arcipreste”, utiliza en El Libro del Buen Amor el episodio del ermitaño engañado por el diablo para prevenir al lector de los peligros de consumir vino puro con aseveraciones tales como “en el beber de más, yaz todo mal provecho” aunque, sin embargo,  en otro pasaje de la obra nos dice: “Es el vino muy bueno en su mesma natura: munchas bondades tiene, sy se toma con mesura… “

Opiniones y pensamientos de eruditos aparte, lo cierto es que a lo largo de toda la Edad Media, el vino se configura como uno de los elementos básicos de la alimentación y su consumo constituye una realidad cotidiana y generalizada en todos los niveles sociales sin apenas excepciones por razón de edad, sexo o condición vital, laboral o económica.

La producción y consumo el vino marcaron políticas económicas, políticas sociales, tratados de salud o tratados de moral. A diferencia de lo que sucede con la cerveza o la sidra, el vino no va a tener la consideración de una simple bebida, sino que constituye un elemento imprescindible, un pilar básico, junto con el pan, de la dieta medieval.

Todos estos apasionantes parámetros históricos y culturales que vienen dados por la importancia y la influencia de esta omnipresente bebida en el mundo medieval, son los que generan “In vino veritas”, un programa que incide en el gusto de Artefactum por recrear, contextualizar y, de alguna manera, mostrar las músicas, las formas y las maneras en que las gentes el medievo – seres tan humanos, imperfectos y maravilloso como nosotros - concebían su día a día, en esta ocasión colocando al vino como gran hilo conductor de todo lo que acontece en el concierto.



Programa base


Chominciamento de gioia Manuscrito de Londres, anónimo

La dona de Bretaña / Cantiga Santa María 23 / Alfonso X El sabio

A que avondou / Cantiga Santa María 386 / Alfonso X El Sabio

De resorgir ome morto / Cantiga Santa María 334 / Alfonso X El Sabio

Virgen Santa María / Cantiga Santa María 47 / Alfonso X El Sabio 

Ai amor, amore de pio cantone / Cantiga profana  

Divinum misterium / Códice de las Huelgas

Adieu ces bons du vins de Lannoys / Guillaume Dufay 

Bon vin doit / Roman de Fauvel  

Bon vin je ne te pluis laisser / Rabelais      

Quand je bois du von claret / Tourdion / Anónimo

In taberna quando summus Carmina Burana 

Alte clamat Carmina Burana

Vinum Bonum Carmina Burana


Críticas


Epicúreos sin fronteras

Diario de Sevilla / Pablo Vayón ****

XXV Aniversario. Artefactum: José Manuel Vaquero, canto, organetto y zanfoña; César Carazo, canto y fídula; Alberto Barea, canto, orlos y chirimías; Ignacio Gil, flautas dulces, chirimías y gaita; Aníbal Soriano, laúd medieval; Álvaro Garrido, percusión. Programa: ‘In vino veritas’ (obras del Manuscrito de Londres, del Codex Huelgas, de los Carmina Burana, anónimas, de Guillaume Dufay, Cantigas de Santa María...). Lugar: Espacio Turina. Fecha: Sábado 23 de noviembre. Aforo: Lleno.

 

Veinticinco años bien valen unos brindis, una tarta, unas velas... Que un conjunto sevillano, independiente y dedicado en exclusiva a la música medieval, alcance un cuarto de siglo de vida, manteniendo además en nómina a tres de los fundadores (Álvaro, Nacho, José Manuel), tiene un mérito extraordinario. Que en ese tiempo haya conseguido no sólo un público fiel, sino ampliar la audiencia para la música de todo el período, permitiendo con ello el nacimiento de otros conjuntos en nuestro entorno, merece el aplauso y el agradecimiento de todos los que de un modo u otro se dedican al arte de los sonidos en esta ciudad. Artefactum centró su concierto de aniversario en el vino (pero olvidó a Baco, y para ello se movió sin ataduras entre las danzas del trecento italiano y un famoso turdión del siglo XVI, pasando por sus habituales cantigas, contrafactas, laudas, piezas trovadorescas y goliardescas e incluso un organum a dos voces del Codex Las Huelgas (¡el vino también se consagra!) y una melancólica canción de Guillaume Dufay. Pero la melancolía resultó pasajera. Por encima de cualquier otra circunstancia, dominó el epicureismo, el canto a los placeres sensuales y sensoriales, todo ello entre las bromas habituales y la variedad en el color, la vitalidad rítmica y un tipo de canto enraizado más en la taberna y en la calle que en la corte, algo de lo que el conjunto ha hecho su bandera en estos primeros veinticinco años de existencia. De los próximos se seguirá hablando

 

In vino veritas

Revista Ritmo / Diciembre 2019 / Carlos Tarín

“In vino veritas”. Artefactum (Barea, Carazo, Soriano, Vaquero, Gil y Garrido). 
Obras del manuscrito de Londres, del Códice de Las Huelgas, Carmina Burana, Guillaume Dufay, Cantigas de Santa María. 
Teatro Turina, Sevilla. Lleno.

 

Todos cantan, todos tocan, todos beben… Por semejantes trazas parecería que hablamos de un grupo de sevillanas; sin embargo, se trata de un proyecto dedicado a la música medieval, con multitud de discos, y que ha conseguido sobrevivir a lo largo de tanto tiempo. Y para los que han/hemos podido seguir su pista durante estos 25 años no será nada nuevo saber que se trata de una idea que surge de Álvaro GarridoJosé Manuel Vaquero e Ignacio Gil, quienes un cuarto de siglo después siguen al frente del grupo, con la anexión de “nuevas” incorporaciones - dudaban si desde hace 10 o 15 años - con las voces de Alberto Barea y César Carazo y el laúd de Aníbal Soriano. Pero es que aparte del tiempo que llevan los “nuevos” con ellos, hay que añadir las veces que hemos oído a Carazo en las numerosas cantigas grabadas por Eduardo Paniagua. Había en esta celebración, como no podía ser de otra manera, una recurrencia a las guías que han orientado su camino: las cantigas de Santa María, la música de los goliardos y la relación con el vino.

Ni nos imaginamos cómo pueden ser sus conciertos en Japón, Bruselas o, próximamente, en Australia; pero en su feudo sevillano existe una complicidad con su público como pueda haberlo con un gran artista de la música popular: más, si cabe, porque es de conocerse por su nombre después de tanto tiempo. Otro elemento diferenciador es su sentido del humor, que les permite anticipar el contenido de una cantiga de milagro de Santa María de una forma desenfada y amena, y luego cantarla con la seriedad y forma que se espera. Y a la vez, todos cantando y alternando multitud de instrumentos. Alberto Barea es la voz principal, con ese canto natural, apenas impostado, buscando la expresividad sin más exageración que la que exija el texto, y a la vez acompañar con su cromorno; pero es que si volvemos a Carazo, no sólo exhibe un registro con un planteamiento similar, sino que de igual manera serena y equilibrada tañe su fídula. Sin duda, el grupo no sería el mismo sin José Manuel Vaquero y sus “explicaciones” de cuanto cantan, además de hacerse cargo de la zanfoña, el organetto y la voz tanto solista -y aquí sintonizando con la naturaleza verdaderamente juglaresca de algunos cantos- como de la participación coral. Por último, el virtuosismo de Gil con la flauta o la chirimía, tanto como el muy discreto, pero fundamental Soriano, base de algunas piezas donde la voz se llegó a apoyar exclusivamente en su laúd. Álvaro Garrido no se queda atrás con la percusión, que a veces recoge lo que podían ser perfectamente ritmos juglarescos y en otras ocasiones simplemente marca selectivamente algunos tiempos, de manera que más que un ritmo explícito genera un ambiente de gran espacialidad, con atmósferas de gran recogimiento. Y aunque nos convocaban para una próxima reunión dentro de 5 años, aprovechaban para acortar distancias pensando en su tradicional concierto de Navidad sobre el rico acerbo musical de la Edad Media. Y que cumplan muchos más.

 

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