MUSICA AD NAVITATIS TEMPUS

Músicas en torno a la Navidad en el medievo

 

MUSICA AD NAVITATIS TEMPUS

El concierto que, en torno a la Navidad propone Artefactum, se presenta como un verdadero viaje a través de músicas pertenecientes a las tradiciones de diversos países europeos: Italia, Inglaterra, España, Francia, Finlandia … El grupo se ha interesado por descubrir de qué manera musical, estos países y, por ende, sus culturas se acercan a ese mundo tan, en muchos aspectos común, como es el generado en torno a la festividad de la Navidad.  El concierto se plantea como un lúdico tratamiento musical apto para toda clase de público. 

 


PROGRAMA

THE SALUTATION CAROL

Tradicional Inglaterra / siglo XV

POIS QUE DOS REYS

Cantiga Santa María / España, siglo XIII

TOD`AQUESTE MUNDO DEVERIA

Cantiga Santa María / España, siglo XIII

DANIELIS PROPHETIA

Códice Kutna Hora / Chequia, siglo XV

CLERI CETUS

Códice de las Huelgas / España, siglo XIV

AVE GLORIOSA VIRGINUM REGINA

Philippe Le Chancelier / Francia, siglo XIII  

COLOQUIO DE PASTORES 

Tradicional / España, siglo XVIII 

SALUTIAM DIVOTAMENTE

Laudario de Cortona / Italia, siglo XIII 

THERE IS NO ROSE 

Tradicional / Inglaterra, siglo XV 

OMNIS MUNDUS JUCUNDATOR 

Tradicional / Suecia, siglo XV

STELLA NOVA 

Laudario de Cortona / Italia, siglo XIII

 

FORMACIÓN

Javier Jiménez / Canto

Alberto Barea / Canto y cromornos

César Carazo / Canto y viola

José Manuel Vaquero / Organetto, zanfona y coros

Ignacio Gil / Flautas de pico, chirimía, gaita y coros

Álvaro Garrido / Percusión y coros

 

MUSICA AD NAVITATIS TEMPUS / Presentación cd / La Quinta de Malher / Madrid


MUSICA AD NAVITATIS TEMPUS / Cd / demos

 

CRÍTICA / DIARIO DE SEVILLA / Pablo Vayón / Navidades medievales con disco

 

Su concierto navideño se ha convertido ya en una tradición en la ciudad, pero esta vez venían con un disco nuevo, y después de actuar en Japón y de debutar (veinte años tarde) en el Auditorio Nacional. Los de Artefactum no sólo resisten a la crisis que a tantos grupos se ha llevado por delante, sino que parecen haber cogido carrerilla en 2016. Hasta se permitieron presentarse para la ocasión en una formación amplia (nueve miembros), lamentablemente cada vez más inhabitual. Musica ad navitatis tempus, título del disco y del programa del concierto, es un amplio y desprejuiciado paseo por la Navidad europea medieval, que se asoma lo mismo a los carols ingleses que a las cantigas del rey Sabio, el Laudario de Cortona u otros manuscritos del tiempo (alguno no muy conocido, por cierto, como ese códice checo de Kutna Hora). Las piezas son en su mayor parte monódicas y estróficas, lo que unido a la escasa precisión de la notación en la que nos han llegado permite un amplio margen recreativo a sus intérpretes. Y de eso van, lo sabe bien su legión se seguidores, los conciertos de Artefactum, del arte de la recreación y del recreo, lo que hace de cada una de sus actuaciones un espacio abierto a la sorpresa, el humor y la diversión. Manda la música, por supuesto, pero la transgresión no anda lejos nunca. Esa naturaleza goliardesca del grupo se muestra no sólo en los chascarrillos de las presentaciones, sino, en este caso, en la forma de hilar los villancicos populares con las piezas medievales (Los peces en el río se pegan literalmente a una lauda, El tamborilero aparece en medio de otra y luego se esfuma...). Desde el punto de vista estrictamente musical, lo más destacable de esta nueva presentación del conjunto sevillano me pareció que tuvo que ver con el uso comedido de las amplias posibilidades tímbricas a su disposición. El color es siempre un parámetro relevante en el trabajo del grupo, pero suelen ganar en variedad expresiva y en finura cuando, como ayer, no abusan de la potencia sonora y valoran los espacios de sobriedad en los que las voces limpias de Alberto Barea o Mariví Blasco (maravilloso su There is no rose) suenan con apenas uno o dos instrumentos acompañantes, muy singularmente, el órgano portátil.

CRÍTICA / ABC / Carlos Tarín / Artefactum, gozoso tiempo de Navidad

Tiene Sevilla fama de público novelero, pero diríase que en la música antigua se torna fiel y entusiasta. Fueron estos mismos melófilos los que auparon a la Orquesta Barroca de Sevilla hasta la temporada estable, sus discos, investigaciones, etc.; y estuvieron en los cumpleaños de Artefactum (ya 24), y celebran con ellos la Navidad de la mejor forma posible: con la pureza de estos cantos desde la Edad Media hasta, excepcionalmente este año, el siglo XVIII. O apoyan cada uno de sus discos anteriores (5, de los que 3 están agotados) y seguramente acogerán igual este sexto que ahora se presentaba. Acaban de volver de Japón, el Auditorio Nacional de Madrid y han vuelto a tiempo para pasar las Navidades en Sevilla. Su repertorio fue un recorrido por media Europa (Inglaterra, República Checa, Italia, Alemania…) y naturalmente España con sus imprescindibles Cantigas, destacando la dialogada «Pois que dos reys» en torno a Herodes. Por supuesto que es un programa providencial en estas fechas, pero desde luego trasciende un tiempo concreto por su universalidad, construida a base de su habitual frescura, comicidad, rigor, recogimiento e intimismo. En este último aspecto pensamos en «There is no rose» que Mariví Blasco cantó desde su aterciopelado registro medio y grave, mientras hubo momentos más festivos, como los que terminaron el concierto con «Stella nuova» y «Orientis partibus», relacionado con la llamada «Fiesta del asno». Una gran cantidad de voces colaboraron (aunque todos cantan, todos tocan), sobresaliendo la atenorada de Alberto Barea, flexible, natural, homogénea en toda su extensión. César Carazo desde su fídula protagonizó excelentes momentos vocales, los más andaluces, y los años no impiden que disfrutemos de una voz muy bien conservada y atractiva. El bajo Javier Cuevas posee unos bellísimos graves, profundos, si bien el resto del registro es más variable. Gavira aunó su sabiduría con una voz privilegiada, que debe cuidar con mimo. Del resto de los instrumentistas poco hay que decir, porque están forjados en mil batallas artefactas, mientras conservan su virtuosismo y lozanía, a la que se ha sumado la joven Nadal. Y siempre agradecer a Vaquero, el «pájaro», el plus de su simpatía.

 

 

 

 

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